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En nuestro cielo ha habido muchas nubes.
Tantos años d’amor hacen un empacho.
A menudo yo hacía las maletas.
A menudo tú decías: "Basta; me voy!"
Y en este piso que parece muerto
ya cada mueble es un recuerdo.
La antigua luz, una sombra triste.
Y ya nada no se asemeja a nada
cuando tú has perdido el gusto del beso
y yo el deseo de la conquista...
Amor, amor,
maravilloso y tierno y dulce amor,
desde la mañana naciente hasta el poniente,
te quiero todavía, lo sabes, te quiero.
Tú sabes cuáles son mis defectos
y yo conozco tus dientes.
Tú me retenías con cien trampas
y yo te perdía cien momentos.
Yo tuve de otros amantes.
Me daba miedo llegar al descanso.
Me hace falta sentir siempre un impulso.
Y finalmente, y finalmente,
tuvimos el suficiente talento
para hacernos viejos sin ser adultos.
El paso del tiempo la furia desperdiga
y todo tiene un aire muy suave,
y para los amantes la peor trampa
no es paso que puedan vivir en paz.
Es cierto que ya no te veo sufrir
y yo no lloro como ayer,
y el viejo misterio es muerte en tierra.
Pero podemos seguir el sol
e imaginar, como un consuelo,
que no ha acabado la tierna guerra…
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Letra:
Jacques
Brel
Música: Jacques
Brel i Gérard Jouannest
Adaptación al catalán: Josep
Maria Espinàs
Joies
robades (DiscMedi,
2002) |
Con la voz de Luis Eduardo
Aute
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